CUANDO LA ANSIEDAD INVADE NUESTRA VIDA
Lic. Sabrina Salgado
Mayo 2008
 

 

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Todos hemos sentido en alguna ocasión ansiedad, en su justa medida es una emoción positiva que nos incita a actuar y a enfrentarnos a una situación amenazadora. Por ejemplo, nos lleva a estudiar más para un examen, y a estar alertas en una situación de peligro.

Pero la ansiedad empieza a ser un problema cuando es excesiva e invade al sujeto, provocando un malestar significativo y deterioro social, laboral o en alguna área importante de la actividad del individuo. También la ansiedad puede manifestarse por medio de intensas crisis que invaden e inmovilizan al sujeto. Es muy común que en dichos casos se atribuyan tales estados a “los nervios”, se suele escuchar como justificativos por ejemplo: “Siempre fui nerviosa, en mi familia somos todos nerviosos” o “Últimamente estoy nervioso”. Lo cierto es que el problema es más complejo y más serio que eso.

Estos estados de ansiedad generalizada incluyen una preocupación excesiva por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. A pesar de comprender que su ansiedad es más intensa de lo que la situación justifica resulta casi imposible controlarla. Acompañan a estas preocupaciones, grandes dificultades para relajarse, alteraciones en el sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación de no descansar) y falta de concentración. También síntomas físicos, especialmente temblores, contracciones nerviosas, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad y transpiración. Son frecuentes, además, los mareos, nauseas y sensación de falta de aire o de tener un nudo en la garganta.

Dichos estados son un modo de tapar la angustia, se intenta calmar la ansiedad con distintos objetos, pero ninguno parece el apropiado, entonces se sostiene una constante sensación de insatisfacción. La ansiedad como “tapón” de la angustia es un intento fallido, y en acto aparece algo que se debería hablar. Son los casos por ejemplo dónde por ansiedad se come y se bebe compulsivamente para “tapar” algo que insiste en aparecer.

En la actualidad es sumamente habitual encontrar gente que sufra de estos estados en que la ansiedad los invade. Muchos suelen restarle importancia, y se los atribuyen a características propias, de su personalidad. Otros, en cambio, ubican que algo les está ocurriendo y deciden solucionarlo tomándose una “pastillita”; suele ocurrir que alguna persona cercana le sugiera: ”Tomate un ansiolítico y listo”, “Yo con los tranquilizantes me despreocupo de todo ¿por qué no probas?” de este modo se subestima el problema, no teniendo en cuenta que es un tema serio, que debe ser tratado adecuadamente ya que perturba en grado extremo la vida del paciente. Si bien es cierto que la medicación es efectiva para mitigar los síntomas de la ansiedad, no alcanza para resolver estos estados. Es muy importante que la medicación sea indicada por un profesional capacitado, que realice un control de la misma, y que el tratamiento farmacológico se complemente con un tratamiento psicológico.


 

 

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