Resulta
un tanto difícil hablar de estrés, ya que
en los tiempos que corren todos conocemos al menos superficialmente
algo sobre el tema, no solo por haber leído o escuchado
algo al respecto, sino porque en algún momento de
nuestra vida lo hemos sufrido. Lo cierto es que a pesar
de que es un tema sumamente actual y que nos afecta a todos,
muchas veces no usamos correctamente el término o
no sabemos en profundidad que significa que una persona
tenga estrés. Por lo cual mi intención es
clarificar las dudas que pueda haber al respecto.
El
estrés es una respuesta automática del cuerpo
ante situaciones que resultan amenazadoras o desafiantes
y que perturban el equilibrio emocional de la persona.
Toda situación de cambio genera estrés,
ya sean cambios favorables o desfavorables. Por ejemplo,
un casamiento, una mudanza, un ascenso en el trabajo,
un divorcio, un despido laboral, etc. Nuestra vida y nuestro
entorno en constante cambio nos exigen continuas adaptaciones,
por lo tanto, cierta cantidad de estrés es necesaria.
El estrés es un resultado de la interacción
entre los eventos del entorno y nuestras respuestas cognitivas,
emocionales y físicas. Lo que implica que no hay
acontecimientos estresantes a priori, depende de los recursos
con los que cuenta cada uno para afrontarlos. Una misma
situación puede producir estrés a algunas
personas y a otras no, e incluso a una misma persona puede
generarle estrés en un momento de la vida y en
otro momento no. La cantidad de tensión que cada
uno es capaz de tolerar es diferente, y varía según
el momento de la vida, las circunstancias laborales, familiares
y personales en general, así como también
del estado emocional que esté atravesando.
Cuando la respuesta de estrés se intensifica y
prolonga en el tiempo nuestra salud, nuestro desempeño
académico y profesional y hasta nuestras relaciones
personales o de pareja pueden verse afectadas. La respuesta
fisiológica ante situaciones que producen estrés
es un deseo de huir o confrontar violentamente. En esta
reacción participan casi todos los órganos
y funciones del cuerpo: sube la presión arterial,
el corazón late más rápido, la respiración
se acelera y el cuerpo se pone en un estado general de
alerta para evitar el peligro. A corto plazo esas respuestas
corporales no son dañinas, pero si la situación
persiste y el estrés se cronifica terminarán
siendo nocivas para la salud.
Los principales signos del estrés crónico
son: irritabilidad, falta de concentración, olvidos,
preocupación por el futuro, pensamientos repetitivos,
reacciones impulsivas, aumento o disminución del
apetito, dolores de cabeza, alteraciones del sueño,
contractura muscular, malestar estomacal, fatiga, palpitaciones
y respiración agitada. Debemos estar atentos a
la aparición de estos signos ya que su presencia
a largo plazo afecta seriamente la salud y la calidad
de vida de quien los padece.
Si bien es cierto que muchas veces resulta casi imposible
evitar situaciones que nos generan estrés, sí
podemos controlar los excesos de las demandas procedentes
del entorno y de nosotros mismos, de eso depende que desarrollemos
estrategias que nos permitan afrontar exitosamente el
estrés.