ESTRÉS, UN MAL DE NUESTRO TIEMPO
Lic. Sabrina Salgado
Mayo 2008
 

 

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Resulta un tanto difícil hablar de estrés, ya que en los tiempos que corren todos conocemos al menos superficialmente algo sobre el tema, no solo por haber leído o escuchado algo al respecto, sino porque en algún momento de nuestra vida lo hemos sufrido. Lo cierto es que a pesar de que es un tema sumamente actual y que nos afecta a todos, muchas veces no usamos correctamente el término o no sabemos en profundidad que significa que una persona tenga estrés. Por lo cual mi intención es clarificar las dudas que pueda haber al respecto.

El estrés es una respuesta automática del cuerpo ante situaciones que resultan amenazadoras o desafiantes y que perturban el equilibrio emocional de la persona. Toda situación de cambio genera estrés, ya sean cambios favorables o desfavorables. Por ejemplo, un casamiento, una mudanza, un ascenso en el trabajo, un divorcio, un despido laboral, etc. Nuestra vida y nuestro entorno en constante cambio nos exigen continuas adaptaciones, por lo tanto, cierta cantidad de estrés es necesaria.

El estrés es un resultado de la interacción entre los eventos del entorno y nuestras respuestas cognitivas, emocionales y físicas. Lo que implica que no hay acontecimientos estresantes a priori, depende de los recursos con los que cuenta cada uno para afrontarlos. Una misma situación puede producir estrés a algunas personas y a otras no, e incluso a una misma persona puede generarle estrés en un momento de la vida y en otro momento no. La cantidad de tensión que cada uno es capaz de tolerar es diferente, y varía según el momento de la vida, las circunstancias laborales, familiares y personales en general, así como también del estado emocional que esté atravesando.

Cuando la respuesta de estrés se intensifica y prolonga en el tiempo nuestra salud, nuestro desempeño académico y profesional y hasta nuestras relaciones personales o de pareja pueden verse afectadas. La respuesta fisiológica ante situaciones que producen estrés es un deseo de huir o confrontar violentamente. En esta reacción participan casi todos los órganos y funciones del cuerpo: sube la presión arterial, el corazón late más rápido, la respiración se acelera y el cuerpo se pone en un estado general de alerta para evitar el peligro. A corto plazo esas respuestas corporales no son dañinas, pero si la situación persiste y el estrés se cronifica terminarán siendo nocivas para la salud.

Los principales signos del estrés crónico son: irritabilidad, falta de concentración, olvidos, preocupación por el futuro, pensamientos repetitivos, reacciones impulsivas, aumento o disminución del apetito, dolores de cabeza, alteraciones del sueño, contractura muscular, malestar estomacal, fatiga, palpitaciones y respiración agitada. Debemos estar atentos a la aparición de estos signos ya que su presencia a largo plazo afecta seriamente la salud y la calidad de vida de quien los padece.

Si bien es cierto que muchas veces resulta casi imposible evitar situaciones que nos generan estrés, sí podemos controlar los excesos de las demandas procedentes del entorno y de nosotros mismos, de eso depende que desarrollemos estrategias que nos permitan afrontar exitosamente el estrés.

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